CORONAVIRUS I: EFECTOS DEL CONFINAMIENTO SOBRE LA SALUD MENTAL.

“SOL DE LA MAÑANA” DE EDWARD HOPPER

"La soledad es y siempre ha sido la experiencia central e inevitable de cada hombre" Thomas Wolfe

La propagación súbita e inesperada del COVID-19, ha generado elevadas tasas de morbimortalidad médica, pero su impacto sobre la salud mental ha sido desatendido y minimizado. El confinamiento ha incidido de forma directa en los ancestrales estilos de interacción humana, minando la confianza y aumentando la distancia interpersonal, tras quebrar el sistema sanitario, la economía y el estado del bienestar.

Ante la rápida propagación de la pandemia y en base a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS),  se han implementado medidas muy drásticas tales como la cuarentena o el aislamiento social, con la finalidad de detener la propagación del virus. Sin embargo, su efecto sobre la salud mental de la población general ha sido subestimado e insuficientemente cuantificado. Cuarentena y aislamiento son términos distintos, pero a menudo se usan indistintamente en los medios de comunicación. 

Por cuarentena se entiende una restricción de la circulación de personas que han estado potencialmente expuestas a una enfermedad infectocontagiosa. El aislamiento consiste en separar a personas que ya están diagnosticadas de la enfermedad. Aunque los matices son diferentes, el denominador común en ambos casos  es el distanciamiento social preventivo. En ambas situaciones, se genera una deprivación emocional y/o sensorial, que deteriora la salud mental de cualquier individuo, incrementándose la posibilidad de que sufra problemas mentales. Además, el aislamiento reduce la disponibilidad de intervenciones psicosociales oportunas y de asesoramiento psicoterapéutico de rutina, lo que redunda en una ausencia de atención de los afectados.  

Si nos atenemos al término cuarentena, debido a las implicaciones médicas que conlleva en base a la evidencia acumulada a lo largo de la historia, su impacto psicológico sobre el ser humano ha sido cuantificado en múltiples situaciones previas (Brooks et al). Contabilizando únicamente las epidemias que han azotado a la humanidad en lo que va del siglo XXI (SARS-CoV, MERS-CoV, gripe A/H1N1 y Ébola), se ha comprobado que la medida, ha tenido un efecto negativo de forma sistemática en la salud mental de la población general. Se ha objetivado una mayor prevalencia de síntomas mentales tales como angustia, ansiedad, tristeza, baja autoestima, ira, rabia, aislamiento, bajo estado de ánimo e insomnio. En consecuencia, se ha determinado un incremento de la incidencia de trastornos tales como la depresión, ansiedad, trastorno obsesivo-compulsivo, estrés postraumático, con mayores tasas de suicidio, entre otros.

Existe evidencia compatible con dichas conclusiones, en estudios realizados durante la epidemia. En un estudio reciente realizado en China sobre 52.730 personas durante la fase inicial de la pandemia, se descubrió que el 35% de los participantes experimentaron estrés psicológico, con niveles más altos en las mujeres. Además, las personas entre 18 y 30 años, y los mayores de 60 años, tuvieron niveles más altos de estrés psicológico. En otro estudio, realizado por Wang et al en 1210 personas en China durante la fase inicial de la pandemia, se reveló que el 24,5% del total de personas presentaron un impacto psicológico mínimo; el 21,7%, un impacto moderado; y el 53,8%, un impacto moderado-grave. De nuevo, ser mujer, estudiante y tener algunos síntomas físicos, se asoció con un mayor impacto psicológico estresante durante el brote de la enfermedad.

Entre los factores más estresógenos se ha señalado la larga duración de la cuarentena, la frustración, el aburrimiento, la soledad, el miedo a contraer la enfermedad o contagiar a alguien, la falta de información, las pérdidas financieras, el estigma de discriminación, el desequilibrio económico o el procesamiento de un duelo sin los rituales culturalmente aprendidos para poder velar y despedir al familiar fallecido. Está claro que la fortaleza mental y la susceptibilidad individual, condicionan el impacto sobre la salud mental de cada sujeto en particular.

Por último, si bien aquellas personas que padecen múltiples comorbilidades crónicas físicas o psíquicas se han llevado la peor parte (enfermedades mentales preexistentes, problemas de adicción, hipertensión arterial, diabetes mellitus, enfermedad renal, asma o EPOC…), el COVID también ha causado estragos en la población general sana. En ellos se ha visto, que el estrés emocional trae consigo consecuencias neurobiológicas capaces de incrementar la probabilidad de desencadenar trastornos de ansiedad, depresivos, del sueño y estrés agudo. Asimismo, la preocupación exagerada por la salud se puede presentar con diferentes intensidades, con interpretaciones de las sensaciones corporales generalmente erróneas y catastróficas, secundarias al confinamiento preventivo.


M. Ponce, Médico Psiquiatra


Bibliografía y fuentes:

Kaplan & Sadock Sinopsis de Psiquiatría: Ciencias De La Conducta/Paiquiatría Clínica

https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC7442894/


https://www.consaludmental.org/publicaciones/Salud-mental-covid-aniversario-pandemia.pdf


https://www.medscape.com/viewarticle/952025?src=mbl_msp_android&ref=share


https://www.scielosp.org/article/rpmesp/2020.v37n2/327-334/es/


http://www.scielo.org.pe/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0034-85972020000100051


http://www.scielo.org.pe/scielo.php?pid=S0034-85972020000100003&script=sci_arttext&tlng=en


https://journal.sipsych.org/index.php/IJP/article/view/1333


https://psycnet.apa.org/record/2020-43457-001


https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/331490/WHO-2019-nCoV-MentalHealth-2020.1-eng.pdf


https://www.medscape.com/viewarticle/950125?src=mbl_msp_android&ref=share


https://www.medscape.com/viewarticle/952049?src=mbl_msp_android&ref=share