PSICOTERAPIA A MEDIDA.

ALBERT ELLIS (1913-2007), PSICÓLOGO


Hay tres monstruos que no nos permiten avanzar: tengo que hacerlo bien, tienes que tratarme bien, y el mundo debe ser fácil. Albert Ellis (1913-2007).


1) Los principios de Albert Ellis.

Albert Ellis (Pittsburgh, 27 de septiembre de 1913-Manhattan, 24 de julio de 2007), fue un psicoterapeuta cognitivo estadounidense que desarrolló la terapia racional emotiva conductual (TREC) a partir de 1955. Es considerado uno de los ideólogos de la revolución del paradigma cognitivo, fundador de la terapia cognitivo conductual, pionero de la intervención psicoterapéutica corta y activo divulgador de la auto-ayuda. También fue fundador y presidente emérito del Albert Ellis Institute en la ciudad de Nueva York, siendo reconocido como el segundo de los psicoterapeutas más influyentes de la historia (por delante de Sigmund Freud, que ocupó el tercer puesto; el primero fue Carl Rogers), según una encuesta distribuida en 1982 entre profesionales de la psicología de EE. UU. y Canadá.​ El mismo año de la muerte de Ellis, Psychology Today le calificó como el «más importante psicólogo vivo», tras ser autor de 70 libros y más de 800 artículos.

Albert Ellis estaba interesado en ayudar de forma incondicional a sus clientes, intentado aliviarles de aquellas ideas, sentimientos y comportamientos disfuncionales que no les dejaban progresar. Para él, las características que debe tener un buen psicoterapeuta son las siguientes:

1) Ha de ser una persona que confía en su propia habilidad terapéutica, sin ser rígido o grandilocuente, que cree firmemente que sus técnicas principales van a funcionar.

2) Ha de poseer un amplio conocimiento sobre terapias y prácticas terapéuticas; ser flexible, no dogmático, científico y consecuentemente, abierto a adquirir nuevas competencias y a experimentarlas.

3) Es capaz de comunicar y enseñar a sus clientes nuevas formas de pensar, expresar emociones y comportarse.

4) Es capaz de afrontar y aliviar sus propias perturbaciones. Por consiguiente, no está ansioso, deprimido, hostil, auto-disminuido, autocompasivo o indisciplinado de manera regular.

5)) Es paciente, persistente y trabajador en su práctica terapéutica.

6) Tiene un fuerte sentido de la ética y la responsabilidad. Utiliza la terapia en beneficio del cliente y no por indulgencia personal.

7) Actúa profesionalmente de manera adecuada en el ámbito terapéutico, siendo capaz de mantener cierto grado de humanidad, espontaneidad y disfrute personal en lo que hace.

8) Es animoso y optimista, mostrando a los clientes que independientemente de las dificultades que puedan experimentar, pueden cambiar de manera considerable.

9) No sólo intenta ayudar a los demás a sentirse mejor y a vencer los síntomas presentes, sino que también les invita a realizar un cambio de actitud profundo que les permita desarrollar sus logros, continuar mejorando y evitar futuros trastornos.

10) Está deseoso de ayudar prácticamente a todos los clientes, pero remite libremente a otros terapeutas a aquellos que piensa no puede ayudar. Procura no implicarse ni excesivamente ni demasiado poco con los clientes que recibe. Intenta superar sinceramente los fuertes sesgos que pueden tener a favor o en contra de ellos, que podrían interferir con su eficacia terapéutica.

11) Posee suficiente capacidad de observación, sensibilidad hacia los otros, inteligencia práctica y juicio como para desanimar a sus clientes cuando han decidido tomar decisiones absurdas, temerarias o que puedan dañar seriamente a otros.


2) La psicoterapia en la actualidad: principios generales comúnmente aceptados.  

En esencia, el proceso terapéutico es un camino largo en el que el psicoterapeuta actúa de guía mediante el empleo de técnicas psicológicas que ayudan al paciente a conocerse mejor. No se trata tanto de que la persona cambie sustancialmente de forma de ser, sino que sea capaz de autoconocerse mejor y realizar modificaciones en la medida de lo posible, en su autopercepción de sí mismo y su realidad cotidiana. Indudablemente requiere del deseo de cambio del individuo que solicita la terapia, pero es imprescindible que el psicoterapéuta presente ciertas habilidades, la mayoría de las cuales no se aprenden en los libros.  

A través de la relación terapéutica se pretende el establecimiento de un vínculo constructivo, a partir del cual el sujeto puede ser capaz de verse a sí mismo desde otra perspectiva, que le permita reconfigurar aquellas percepciones y/o emociones que dificultan su desarrollo vital. Sin embargo, para que se produzca dicha mejoría, no es sólo necesario el deseo de cambio, actitud y capacidad de evolucionar en la persona que solicita la terapia, si no que es un requisito fundamental encontrar un buen psicoterapeuta.  

Puesto que la relación es asimétrica, donde el centro de gravedad es el cliente y el terapéuta tiene la función de asesor u orientador, se requiere establecer un marco global de atención o "setting", caracterizado por un espacio físico constante, una cadencia preferentemente regular y una duración de las sesiones preestablecida, que permita la instauración de una relación terapéutica que estimule la colaboración activa.

Para conseguir ese marco de trabajo que es la psicoterapia, el psicoterapeuta debe tener un interés sincero por las personas que piden ayuda y eso conlleva autenticidad y respeto. Es aconsejable que sea un individuo coherente a nivel vital, capaz de mostrar empatía por los demás. Ha de poder comprender a las personas desde su propio punto de vista, lo que implica ponerse en lugar del otro para sentir lo que siente y pensar como piensa. Para ello, un buen psicoterapéuta suele poseer gran flexibilidad mental combinado con una visión positiva de las personas, porque ha trabajado previamente sus propios prejuicios. Es habitual que los buenos terapéutas sean personas con una vida activa, que han vivido en distintos entornos y han conocido a muchas personas con experiencias variadas.

Otra gran cualidad es la escucha activa acompañada de la observación tácita. Un psicoterapéuta ha de ser capaz de escuchar, lo que facilita que el cliente desarrollar confianza para hablar sobre sí mismo y mostrar sus preocupaciones. la escucha activa requiere de una aceptación incondicional del paciente, omitiendo los juicio despectivos. Se trata de construir una relación desde la confianza para poder ayudar.

Otras características importantes son las habilidades comunicativas, la creatividad y la inteligencia emocional. El terapeuta ha de manejarse en un difícil equilibrio en el que ha de ser capaz de gestionar sus propias emociones displacenteras, para que no interfieran de forma negativa en el proceso terapéutico, manteniendo en ocasiones la distancia terapéutica necesaria.

Por último y como ya apuntaba Albert Ellis, un buen terapeuta ha de respetar y cumplir requisitos éticos y profesionales básicos como la confidencialidad, pudiendo llegar a derivar a otro profesional cuando no se pueden tratar los problemas del cliente por algún motivo que dificulte la relación profesional.

3) El mejor psicoterapeuta adecúa la psicoterapia a medida del que la demanda.

La búsqueda de un buen terapéuta ha de ser planteada desde la complementariedad, porque de lo que se trata es que la colaboración de paciente y terapéuta, cristalice en el desarrollo de un vínculo emocional positivo, que permita avanzar hacia la obtención de un objetivo terapéutico. No tiene porque ser una persona famosa, que tenga muchos méritos académicos, como tampoco que sea profesor de universidad o aparezca periódicamente en televisión. Habitualmente es una persona humilde y comprensiva, que se adapta al problema de la persona que solicita terapia y se complementa con ella cual guante a una mano o llave a una cerradura. Ha de ser empático, que estime a los démas y favorezca la construcción de la relación terapéutica desde la voluntariedad y el respeto.  

Por tanto, la mejor de las psicoterapias es aquella diseñada a medida de la necesidades del cliente. Aquella que se adapta a sus características, capaz de acentuar lo mejor del sujeto al suavizar aquellos aspectos que le impiden continuar su crecimiento emocional. En realidad, no pretende conseguir una modificación radical de la persona, sino atenuar el nivel de sufrimiento en base a un autoanálisis, que favorezca la autoaceptación y el autorreconocimiento, con el fin de aliviar las cargas que se van acumulando a lo largo de la vida. Al igual que el sastre que configura un traje a medida del cliente, un buen psicoterapéuta ha de ser capaz de inducir modificaciones deseadas y tolerables por el individuo, para que pueda perseverar en su condición y progresar. La clave está en la adquisición de una visión emocional reforzada pero más tolerante de sí mismo y los otros, que ayude a ser capaz de soportar el sufrimiento vital con mejor humor, más altruismo y mayor solidez interna.