LA DEPRESIÓN POSTVACACIONAL O POST-HOLIDAY BLUES.

DEPRESION POSTVACACIONAL



No hay placer que no tenga por límite el pesar.  Lope de Vega (1562-1635)

1) Introducción.


La transición de las vacaciones al trabajo es un proceso que requiere un esfuerzo adaptativo suplementario a nivel psicológico. Aunque se ha dado en llamar “depresión postvacacional o post-holiday blues”, lo cierto es que se trata de un síndrome de corta duración que no figura en los manuales de psiquiatría al uso y no ha sido reconocido como un trastorno mental. Sin embargo no es un fenómeno nuevo, pues existen referencias al término “holiday syndrome” en la revista Psychoanalytic Review de 1955, en base al malestar emocional aparecido una vez terminada la temporada de vacaciones de Navidad.

Aunque existe relativamente poca investigación sobre el tema, algunos expertos han señalado una reducción del nivel de adrenalina como el principal responsable de su aparición. Como sugiere la Dra. Eileen Kennedy-Moore (psicóloga clínica de Princeton de Nueva Jersey), la abstinencia abrupta de las hormonas del estrés después de un evento importante (una boda, una fecha límite importante o las vacaciones...), puede tener gran impacto en el bienestar biológico y psicológico de un individuo de forma transitoria.

Otro factor determinante en su aparición, reside en el hecho de que aproximadamente un 70% de las personas no se sienten cómodas en sus trabajos. Así, se ha señalado a la inadaptación laboral crónica, como el elemento principal que determina la magnificación y generalización del síndrome. La falta de reconocimiento, la ausencia de vínculos gratificantes, la rutina, la competitividad, la ausencia de desarrollo personal y falta de autorrealización entre otros, son circunstancias que agudizan el malestar emocional durante la reincorporación. Estudios recientes sobre la satisfacción laboral, han puesto de manifiesto que hasta el 50% de los empleados en EE.UU. padecen estrés por culpa del trabajo, mientras que casi el 35% sufren estrés grave, "burnout" o están "quemados". Atendiendo a éstas cifras, no resulta extraño que la vuelta de vacaciones sea un momento especialmente crítico para muchos individuos, en la medida en que se acentúa su desagrado ante el afrontamiento de la vuelta a la oficina, situación que viven de forma estresante y no deseada.

En éste sentido, Knowlton (director de la Nortwester National Life Insurance), cree que el estrés en el trabajo está infravalorado y la incidencia de enfermedades secundarias se está duplicando cada diez años. La cuestión es entonces si el "síndrome postvacacional" es simplemente la punta del iceberg de un problema de mayores dimensiones, bajo el cual subyace una dramática inadaptación profesional generalizada. En línea con ésta idea, en un trabajo publicado en el Journal of the American Medical Association, Schnall ha constatado que casi un 25% de los trabajadores padecen estrés severo y están expuestos al triple de posibilidades de padecer hipertensión y cardiopatía. Éste es el motivo por el que algunas sociedades científicas han comenzado a reconocer la importancia del síndrome postvacacional. 

2) Síntomas, duración y resolución.


Diversos autores han señalado que se trata de un cuadro depresivo de corta duración donde predomina la sensación de hastío, cansancio, desencanto, inhibición, anhedonia, tristeza, malestar general, ansiedad y fobia social. Existe consenso en que se trata de un problema transitorio compatible con un proceso adaptativo en la mayoría de los casos.

La clínica persiste en mayor o menor medida durante el período de adaptación, que dura en torno a quince días aproximadamente. Posteriormente, el problema psicopatológico suele desaparecer, aunque en ocasiones continúan síntomas graves que necesitan un tratamiento y una consideración especial. Así pues, aunque el «síndrome postvacacional» no está incluido en ninguna categoría diagnóstica, parece que alcanza la suficiente entidad como para ser vigilado en el contexto de programas de salud mental preventivos, que ambicionen mejorar la salud mental del ciudadano en el ámbito laboral. Pero éste planteamiento, es aún ciencia ficción en la sociedad en que vivimos. 


3) Fórmulas de afrontamiento y posibles soluciones.


Uno de los primeros pasos para vencer la tristeza posterior a las vacaciones es reconocer que éste estado de abatimiento anímico, es en realidad un proceso de ajuste a una menor estimulación. Lo que se ha perdido es el alto nivel de actividad y estimulación al que se había acostumbrado el sujeto, por lo que resulta útil cuidar la autoestima, trabajar el autocontrol y fomentar el autoconcepto personal. Un camino a potenciar es intentar mejorar la relación con la familia, amigos y compañeros, toda vez que éstos son la fuente principal de afecto y seguridad. En cualquier caso, es conveniente saber que el síndrome postvacacional tiene una duración determinada y es un proceso autolimitado en la mayoría de los casos, por lo que tiende a ceder de forma espontánea sin medidas extraordinarias.

De forma preventiva, diversos psicólogos han propuesto varias acciones para mitigar el malestar postvacacional. Entre las recomendaciones figura anticipar el regreso del lugar de vacaciones 1 o 2 días, adaptar las horas de sueño al horario habitual de trabajo, iniciar la actividad laboral los primeros días de manera suave, mantener ciertas actividades sociales y recreativas durante los primeros días, practicar alguna actividad física fuera del trabajo y realizar técnicas de relajación y/o meditación durante el proceso de readaptación. 

De entre todas las medidas sencillas básicas de autocuidado propuestas, como promover un sueño reparador, hacer ejercicio regular y seguir una dieta sana, destaca la urgencia de programar tiempo para divertirse con el fin de aliviar la transición. Puesto que la interacción social es un componente fundamental para obtener bienestar, pasar tiempo acompañado de seres queridos, puede proporcionar un impulso adicional para una resolución más rápida del malestar. Una última medida consiste en ser paciente e indulgente con uno mismo. La tristeza posterior a las vacaciones no se quedará para siempre, de forma que es importante tratar de no autocastigarse y tomarse el tiempo que necesario para alcanzar el propio equilibrio.

Si todo falla, siempre queda la opción de solicitar la atención puntual por un profesional, con el objetivo de recibir un tratamiento psicoterapéutico y psicofarmacológico individualizado.


M. Ponce, Médico Psiquiatra